RED

De alguna forma las inquietudes retorcían la mente de Zack que de cuando en cuando se sorprendía rebuscando ideas en aquella marabunta de sensaciones a la cual llegaba a base de repetir cada día las labores que una sociedad ebria y enfermiza iba dejando tras ese moderno y amanerado circo romano. Personas de bien que disfrutan de un Domingo de fútbol viendo como la pelota atraviesa la linea, y las voces gritan sin compás ni tono la absurda palabra. A Zack le tocaba desnudar la ciudad de ese traje de vidrio y colillas que semejante éxtasis colectivo dejaba detrás en ese intento que tienen las masas de desfogarse de situaciones como las que el propio Zack vivía. La libertad quedaba a un lado y la noche de los campeones resultaba feroz para quién tan solo quería huir hacia lo imprevisto. Cada Domingo la misma rutina.

Zack era mucho más que un loco pobre, y sin duda mucho más que un pobre loco, recorría la ciudad con su extraña forma de ver, las luces cobraban vida, y en ellas la mirada de alguien que tan solo supo escapar de sus propias manías. Maldito Skizo cabrón, tan frágil y tan fuerte que no hubo quién sostuviera una sola lanza en contra de su pequeña ilusión por los detalles humanos. Zack tenía otro enfoque, distorsionado decían, pero poco importaba en esas orgías del balón, tan solo los uniformes hacían que algo tuviera sentido. Colores mal usados y alegrías desesperadas de quietud.

Nadie tras la tormenta de euforia, botellas de licores varios entre orina y humo. Algo acontecía en esa cabeza que… siempre al llegar a casa había quién se fijara. Ni familia ni mascotas, tan solo la mente parcialmente libre que lo escuchaba.

Defendiendo pensamientos. Corazón para escándalo de sus vecinos poco acostumbrados a que la luz fuera otra cosa más hermosa que una simple bombilla. De eso Zack sabía de sobra, pues eran sus sentidos los que daban forma a cada cuadro, y por fin caer rendido entre pinceles de sabores cálidos en el saber.

Fuego en sus sueños y frío en su amanecer.

De todas formas, cual sería aquella idea que nuevamente trazara la cruda voz. Nunca pensó de Dios los problemas, ni tampoco las virtudes. De ese modo cada cual transita la vida que se nutre de sed.

¡Gol!, ahora, en esta voraz libertad de movimiento que tienen mis dedos, esta sensación de poder innato que nos lleva a ninguna parte. A Zack poco le importaba, y ha éste que escribe le toca defender al silencioso relámpago que hoy quiso que dejara de luchar.

Domingos sin sentido.

De quién es la flor caída que encontré, sin duda no fue de ninguno de aquellos uniformados colores de pierna esbelta y cerebro roñoso. Supo que era mejor la paciencia de un ángel que la guerra de un insolente.

A mi me toca matarlo, cuando ya no queden lineas, cuando ya no quede voz, en ese intermedio entre tú y…

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